Por Comandos Insurreccionalistas
La subversión en Chile y su progresivo
vaciamiento de contenido…
La realidad insurreccional
La guerra es de vital importancia para
el Estado; es el dominio de la vida o de la muerte, el camino hacia la
supervivencia o la pérdida del Imperio: es forzoso manejarla bien. No
reflexionar seriamente sobre todo lo que le concierne es dar prueba de una
culpable indiferencia en lo que respecta a la conservación o pérdida de lo que
nos es más querido; y ello no debe ocurrir entre nosotros.
“El arte de la guerra consiste en el
engaño” (Sun Tzu)
Desde hace algún
tiempo buscamos la forma de contribuir a la siempre necesaria instancia de
proponer y debatir acerca del rumbo que entre todos le imprimimos a nuestras
actividades anarquistas, libertarias, insurreccionalistas, o autónomas o como
quieran llamarles. Intentaremos incorporar el máximo de elementos posibles para
tratar de exponer con claridad las evaluaciones y propuestas de quienes
confluimos en este espacio, en medio de una oleada represiva que amenaza con la
liquidación de fuerzas y prácticas que, ha caracterizado el accionar en la
última década. Imaginamos que a esta altura se preguntan por los autores de
este texto, nosotros haríamos lo mismo. Pues bien, primero que todo, decir que
somos compañeros del pensamiento insurrecto e irreductible y fundamentalmente
cuando este se traduce en acción. Pero también hacemos un llamado de atención
acerca del tema de la identificación de quién hace qué cosas, uno de los temas
base de este escrito, el que a su vez va inserto en una temática mayor, con el
objetivo de apuntar a mejorar sustancialmente las condiciones en las que nos
movemos por diferentes realidades.
En medio de esta búsqueda nos hemos encontrado con una serie de escritos
recientes los que, a modo de evaluaciones o comunicados colectivos y/o
personales, logran transmitir ideas o inquietudes que por sobre todo proponen
la necesidad de recomposición y re-entendimiento que el momento
proclama. Destacable son las palabras propositivas de afines que
siguen resistiendo desde su individualidad y/o grupo, en medio de una noche
atenta, sintiendo el vaivén de la derrota y las ganas libertarias que gritan
bajo la piel, mientras ex-hombres (o policías) les buscan y fotografían; a los
que se vieron y ven obligados a vivir indefinidamente bajo cielos diferentes, a
todos los rebeldes encarcelados por el terrorismo estatal y a quienes pueden
caminar por las calles esbozando sonrisas a punta de conspiraciones creadoras
de otra realidad. Esos escritos llenan de fuerza el pensamiento libre que
motiva, indicando que no somos pocos ni estamos solos. Pero asimismo, queremos
marcar distancia con escritos cargados de odios despectivos hacia quienes no se
sumaron o suman a sus posiciones personales, hablamos en específico de la carta
que habla del CSO Sacco y Vanzetti, quien más allá de la notable y loable
decisión insumisa que ha tenido quien la escribe, nos parece que cae en el
lamentable común de muchos luchadores o ex luchadores: agudo incremento del ego
sumado a una autocomplacencia respecto a si mismos, lo que en medio de la
actual oleada represiva solo desembocan en facilitar la tarea a la policía.
Policías, fiscalías, ministros del interior, jueces, gendarmes, medios de
desinformación, todos garantes de una implacable persecución contra el
pensamiento anarquista y todas sus formas de expresión y ataque. A partir del
incremento, tanto en cantidad, como en calidad de expresiones antagónicas
sobrepasando las posiciones controladoras de la izquierda, se produjo la
criminalización de una idea a modo de la opresión de los llamados
totalitarismos, que tan repudiados se supone son para todos los partidos
políticos de este Chile, eso sin traer al presente que son prácticas propias de
la dictadura neoliberal de Pinochet que la Concertación se encargó de mantener
vistiéndolas con piel de oveja durante 20 años… 20 años donde las policías
continuaron asesinando insumisos, golpeando a mansalva a manifestantes,
militarizando sus métodos, montando una dictadura- economía donde el derecho de
elegir ya ha sido filtrado por los dueños del país y sus intereses. Es el
Estado y su dinámica hegemónica de sobrevivencia y reproducción. Es por
ello que luchar para conquistarlo o tomárselo está destinado al fracaso, una
situación en la que los costos no los pagan los “líderes”, sino todos los
desconocidos que entregamos nuestras existencias para transformar la realidad,
es decir la gente de a pié como nuestros padres y nuestros hijos.
Pero, ¿Qué hacer
frente a este escenario?- ¿Hacerse el desentendido y aspirar a vivir como los
privilegiados?- ¿Oponerse con todo lo que tenemos a mano e intentar llevar
adelante los sueños de liberación?- ¿O autoproclamar el legítimo derecho a la
rebelión individual, mostrar los dientes y atacar?










